1 Crónicas

Introducción general y comentarios al texto

Introducción

Historia Cronista. Hacia el año 400 a.C., según muchos indicios, se compuso la obra histórica que abarca los libros de las Crónicas –Anales o Paralipómenos–, Esdras y Nehemías; desde Adán hasta Esdras. ¿Hacía falta volver a escribir la historia? ¿No bastaba añadir a lo ya escrito unos capítulos sobre la vuelta del destierro y la comunidad judía del s. V a.C.? El autor, que conocía la situación de primera mano, juzgó que debía hacerlo.

Para componer su obra recoge gran parte de sus materiales de los libros históricos precedentes, ya sea compilando largas listas genealógicas, ya sea copiando con retoques capítulos enteros. Tan importante como lo que toma de los libros de Samuel y de los Reyes, es lo que excluye: 1. La historia de Saúl y del reino del Norte. 2. Los episodios menos edificantes de sus héroes, David y Salomón. 3. Mucho de la actividad civil, militar y política de ambos.  ¿Qué finalidad se propuso al escribir su obra?

Novedad de Crónicas. El autor, sencilla y audazmente, quiso ofrecer una nueva lectura de la historia, como si la función primaria de ésta fuera congregarse en el Templo para encontrar al Señor y alabarlo; una visión litúrgica de la historia. La alabanza se complementa con la súplica confiada: en las dificultades, en las batallas, el pueblo tiene que rezar, confiar y esperar; el resto lo hace milagrosamente Dios.

Hacia ese centro histórico, el Templo como lugar del encuentro y de la alabanza, tienden todas las generaciones desde Adán hasta la época del autor.

Para esta empresa cúltica llegó a reinar David; sus guerras se cuentan para justificar que él no pudo edificar el Templo; el episodio del censo infausto se cuenta porque introduce el terreno en que se alzará el Templo. Salomón completa a su padre David en cuanto proyecta, ejecuta y realiza la construcción. Lo que sigue, cuelga de ese centro histórico, sobre todo en forma de sucesivas restauraciones o reformas: Josafat, Joás, Ezequías y Josías. La restauración llevada a cabo por Ciro (cfr. el final del Segundo libro de Crónicas) viene postulada por el dinamismo de la obra.

No es de extrañar que los levitas ocupen una parte privilegiada en el conjunto narrativo; son mencionados unas cien veces en Crónicas, unas sesenta en Esdras y Nehemías frente a las tres de Samuel y Reyes. A la clase levítica pertenecía el reformador Esdras, y algunos profetas citados en la obra ostentan un cierto aire levítico. David, de la tribu de Judá, es el fundador y patrono de la institución levítica; pero el rey no debe usurpar funciones sacerdotales. 

La práctica del  culto ocupa gran espacio en el libro, es criterio para enjuiciar a muchos reyes, es el puesto adonde se convoca la historia pretérita, en forma de recuerdo, como tema de alabanza.

Autor y finalidad. ¿Quién escribe esta extraña historia, haciendo pobre competencia a las ya escritas?  Probablemente un personaje con una tarea difícil y urgente, que necesita un documento simple y eficaz para su tarea.

La situación grave sería la de la comunidad judía en la segunda mitad del s. V a.C.; una comunidad dependiente del imperio persa, como grupo tolerado y ligeramente sospechoso, con problemas internos de decadencia religiosa, de disolución entre los habitantes de la zona, amenazada por los vecinos samaritanos, que también se consideraban pueblo escogido y apelaban a Moisés y a su Torá. La personalidad robusta sería un hombre con clara conciencia de la situación, conocimiento de la historia y energía para enfrentarse con los problemas.

Su acción se desarrollaría en dos planos paralelos: reformas concretas y enérgicas y un documento que las justificase –como el Deuteronomio para la reforma de Josías–.

Las genealogías enlazan, reparten, organizan, porque ese pueblo de judíos amenazado por dentro y por fuera está sujeto por fuertes cadenas a la historia universal, con identidad propia que no puede perder, ya que es el resultado de una elección divina. Los pocos y débiles judíos del s. V a.C. son realmente el Israel elegido como centro de la historia universal.  

Una historia que se centra en David, porque en él cristaliza la institución y la ley de Moisés, que los samaritanos quisieran poseer en monopolio. Se centra en Jerusalén, verdadero y único centro religioso, frente a las pretensiones de Siquén y el monte Garizín –donde a finales del s. V a.C. los samaritanos construyeron un templo rival–. Se centra en el culto del Templo, porque en él el pueblo siente su unidad ante Dios, en él sucede el encuentro con el Señor. La alabanza infunde optimismo y la plegaria escuchada excita a la confianza, dos cosas que necesitan los judíos para los años venideros.

Resultado. ¿Logró el autor lo que intentaba? Sabemos que la comunidad judía continuó sin perder su identidad y supo enfrentarse un siglo más tarde a la onda arrolladora del helenismo y, después, a todos los avatares de una historia de diásporas, persecuciones y holocaustos. No es que la historia Cronista explique por sí solo tal éxito, pero probablemente tuvo su parte al tratar de definir la identidad del pueblo de Israel no en términos políticos, sino en términos de una misión trascendente: escuchar la Palabra de Dios, obedecer su ley y rendirle culto.

Una de las aficiones sobresalientes de este autor son las listas de nombres. Una quinta parte de la obra la constituyen estas listas. Desfilan en ella algunos nombres ilustres, como un friso con mucha historia cargada a las espaldas; otros son personajes secundarios; otros son simples comparsas en términos de acción. Y el autor nos deja sin nombrar los jefes.

¿Por qué semejante afán? Desde luego actúa el deseo de registrar, la fidelidad burocrática de archivar y copiar. Claro que al lector normal no le interesan esas listas por sí mismas, y es lógico que se las salte. Muchos personajes y poca acción. ¿Hay algo más en ese afán? Una cierta afición nobiliaria a los árboles genealógicos: David empalma con Abrahán y Adán, muchos israelitas enlazan con los doce Patriarcas y con su padre, Jacob. El pobre Israel del s. V a.C. tiene una trayectoria de nobleza histórica: desciende de aquellos personajes que interpretaron una historia cuyo protagonista era Dios.

Esa historia es movimiento «de generación en generación»: nada de mitos ni de héroes legendarios, sino hombres de carne y hueso con sus nombres propios –no figuran las mujeres–. Y esa historia es prueba de la fidelidad de Dios, que no ha dejado perderse ni extinguirse a su pueblo, que siempre lo ha acompañado con la bendición patriarcal de la fecundidad, unas veces acreciendo, otras conservando un resto.

Como hay un libro que registra los nombres de los que viven, así este libro conserva el nombre y la memoria de los que vivieron y los transmite a la posteridad.

¿Se trata de nombres históricos o inventa el autor? Hemos de contar con el hecho de recuerdos tenaces en el seno de las familias y con la posibilidad de archivos salvados de la catástrofe. Carecemos de datos objetivos para controlar la validez de las listas. En cuanto a la transmisión escrita, el género se prestaba a las corrupciones, adaptaciones y demás errores de copia y transliteración.

 

Comentarios

1,1–9,44 Genealogías. Los primeros nueve capítulos contienen una lista de genealogías que empezando por Adán llegan hasta David. Son largas series de nombres de personas, pueblos, territorios y ciudades que reflejan la situación histórica del tiempo en que escribe el Cronista. No figuran mujeres. El material utilizado en estos capítulos proviene en parte de textos bíblicos (Gn 5; 10s; 35; Nm 26; 2; Jos 14) y en parte es enriquecido por otras fuentes que desconocemos.

La serie de nombres comienzan con Adán; de éste pasan a Abrahán y de éste a los doce hijos de Jacob-Israel; el centro de la lista lo ocupan por un lado la tribu de Judá, de la que desciende el rey David, y por otro, la tribu sacerdotal de Leví. Las demás tribus, así como Noé, Abrahán y Moisés, pasan a un segundo plano. De esta manera, el Cronista expone el proyecto de Dios sobre la creación y la humanidad: desde el primer ser humano toda la historia converge en David, en el sacerdocio y en un Israel unido en torno a la tribu de Judá. En consecuencia, esta larga serie de nombres se convierte en un mensaje de esperanza: el futuro de Israel está anticipado en su pasado.

Las listas de nombres concluyen con Saúl, preparando de esta manera la historia de David, figura principal del Cronista.

1,1–2,2 De Adán a Abrahán – De Abrahán a Israel. Los datos de este capítulo están tomados de Génesis  (Gn 5; 10; 25,1-4.12-15; 35s). El Cronista avanza de manera lineal dejando de lado a quienes no quiere recordar. En Noé el tronco se divide en tres ramas que intenta explicar el origen de los pueblos del medio oriente: Jafet (1,5-7) corresponde a los pueblos europeos venidos del mar; Cam (1,8-16) a los pueblos del África incluyendo a los cananeos, filisteos y fenicios; y Sem (1,17-27) a los semitas, pueblo en el que nace Abrahán. La descendencia de Abrahán se divide principalmente en dos ramas: Isaac e Ismael (1,28-34), que a su vez se divide en la de Jacob/Israel (2,1s) y la de Esaú/Edom (1,35-54).

2,3–4,23 La tribu de Judá y la casa de David. El texto está divido en tres partes. En el centro contiene una genealogía de la casa de David (3,1-24) enmarcada por dos genealogías de la tribu de Judá (2,3-55 y 4,1-23). De esta manera el Cronista quiere expresar que la dinastía davídica está indisolublemente ligada a la historia de esta tribu (1 Cr 28,4).

2,3-55 Hijos de Judá I. El capítulo se centra en los hijos de Judá, cuya línea principal sigue la descendencia de los dos hijos tenidos con Tamar: Fares y Zéraj, poniendo especial atención a los descendientes de Fares de los cuales nacerá David. Aparece discretamente el tema de la retribución inmediata, una constante teológica del Cronista (3).

3,1-24 Casa de David. El capítulo enumera los descendientes de David. Se divide en tres partes: la primera que presenta a los hijos de David (1-9), la segunda a los reyes de Judá (10-16) y la tercera, a los descendientes de David tras el exilio (17-24). Algunos datos están tomados de 2 Sm 3,2-5 y 5,14-16 así como de Esd 8,3.

4,1-23: Hijos de Judá II. El Cronista añade complementos a las listas de descendientes de Judá del capítulo 2. 

4,24–5,26 Simeón y las tribus transjordánicas. Después de Judá son presentadas las tribus de Simeón y de la trasjordania: Rubén, Gad y parte de Manasés, de las cuales resalta su infidelidad a Dios por lo cual fueron deportadas. 

4,24-43 Descendientes de Simeón. Con respecto a Simeón, desde muy antiguo se le asoció a la tribu de Judá (Jos 15; 19,1-8) por la que será finalmente absorbido en tiempos de David según el Cronista (4,31).

5,1-26 Descendientes de Rubén, Gad y Manases. Estas tribus fueron deportadas en 734 a.C. por Tiglat Piléser, pero el Cronista confunde esta deportación con la de Salmanasar (2 Re 17,6). El pecado es descrito con la imagen de la prostitución sagrada con otros dioses. Según la predicación profética, Dios se vale de extranjeros para castigar al pueblo.

5,27–6,66 Descendientes de Leví – Ciudades levíticas. El texto se ocupa sobre todo de la descendencia de Quehat, la línea a través de la cual se llega a Aarón y, a partir de él, a los sumos sacerdotes hasta la época del exilio. La lista de los sumos sacerdotes sirve para confirmar la continuidad del servicio sacerdotal de Israel y legitimar el sacerdocio sadoquita (1 Re 2,26s.35). La lista continúa siguiendo a Nm 3,17-20. Luego señala a los descendientes de Leví según las tareas realizadas: cantores, servidores del Templo y sacerdotes. Finalmente presenta una larga lista de poblados levíticos tomada de Gn 31 y Jos 21,5-8. Las ciudades mencionadas se encuentran en el territorio de las demás tribus.

7,1–8,40 Las demás tribus. Estos capítulos contienen noticias muy cortas de las demás tribus de Israel: Isacar, Benjamín, Manasés, Efraín y Aser. Casi nos se dice nada de Neftalí, mientras que Dan y Zabulón no aparecen, pues ya no existen en época del Cronista. La reaparición de los benjaminitas en 8,1-32 tiene como objetivo enlazar con Jerusalén (8,28.32) y con el rey Saúl (8,33) protagonista del capítulo 10, del cual encontramos su árbol genealógico (8,33-40).

9,1-44. La comunidad de Jerusalén después del destierro. Este capítulo tiene la función de concluir las listas de los capítulos 2–8 y preparar la narración del reinado de Saúl. Tras la vuelta del destierro los habitantes de Jerusalén son repartidos según las siguientes categorías: israelitas (4-9), sacerdotes (10-13), levitas (14-16), los porteros del Templo y cantores (17-34). De esta manera, Jerusalén aparece como una ciudad del culto, una comunidad sacra, reunida en torno al Templo y sus funcionarios. El texto sigue a Neh 11,3-9. Los porteros sobresalen por ser los guardianes del Templo, instruidos para evitar que el Templo fuese profanado.

10,1–29,30 El reino de David. Esta sección constituye el centro de la obra del Cronista. Esta dividida en cuatro grandes momentos: el inicio del reinado (10–12), el traslado del Arca a Jerusalén (13–17); las guerras de David (18–20); y la organización interna del reino (21–29). El Cronista se separa con frecuencia de los textos de los libros de Samuel. Unas veces los amplía, otras los modifica y otras veces omite episodios significativos, como el pecado de David y Betsabé (2 Sm 11), el ascenso al trono de David (1 Sm 13-30), o la rebelión de Absalón (2 Sm 13-20). Para el Cronista, David es el rey ideal, cuyo reino es digno de ser imitado por la comunidad del periodo postexílico, organizador del culto, cual segundo Moisés.

10–12 Los inicios del reino. Tras la muerte de Saúl a manos de los filisteos, el Cronista relata la entronización de David. Los capítulos 11s constituyen una unidad en torno a la imagen de David como rey de «todo Israel». Todo el material proviene del Segundo libro de Samuel pero retocado por el Cronista para lectores que ya conocen la historia de David, orientándolos hacia una nueva comprensión de la misma historia.

10,1-14 Muerte de Saúl. El Cronista sigue a 1 Sm 31,1-13 que narra la batalla de Gelboé, donde muere Saúl. Con la muerte de Saúl a causa de su infidelidad al Señor –que supone conocer 1 Sm 28–, el autor quiere resaltar y dar mayor gloria al reinado de David. Nada se dice de la dimensión humana de Saúl y el papel de Samuel.

11,1-47 David, rey de Israel – Conquista de Jerusalén. David aparece como rey de todo Israel. No menciona el reinado precedente de siete años en Hebrón. La idea de fondo del Cronista es presentar un Israel unido y compacto en torno a la figura de David. La conquista de Jerusalén es el episodio inaugural de su reinado: la elección de David va unida entonces a la elección de la capital. La lista de seguidores de David (11,10-47) depende de 2 Sm 23,8-39.

12,1-41 Partidarios de David. El capítulo posee dos grandes listas. Una primera de 12,1-23 donde se menciona a las tribus de Benjamín (2-8), Gad (9-16), Benjamín y Judá (17-19) y Manasés (20-22). Y una segunda de 12,24-38 donde se mencionan todas las tribus de Israel. El sentido de estas listas es proclamar a David como «rey de todo Israel» (39). De esta manera el Cronista retoma la idea de unidad, mostrando a Israel ya compacto en torno a David.

13–17 Traslado del Arca a Jerusalén. Tomando como base el texto de 2 Sm 6,1-23, el Cronista amplía considerablemente el relato del traslado del Arca a Jerusalén. La narración presenta dos momentos: un primer intento de traslado (13) y el definitivo traslado del Arca a Jerusalén (15–16). Los dos momentos están separados por el relato de la guerra contra los filisteos (14). Finaliza con la profecía de Natán (17). El acento ahora recae sobre el aspecto religioso: el corazón del reino son el Arca, señal de la presencia de Dios, el culto desarrollado en la ciudad y el Templo anunciado por Natán.

13,1-14 Primer intento. El relato sigue a 2 Sm 6,2-11. El primer acto oficial de David, después de su coronación, es decidir la traslación del Arca. El nuevo rey celebra consejo, primero con sus oficiales y luego con el pueblo antes de trasladar el Arca. La traslación se convierte en una peregrinación de todo Israel. El episodio de Uzá contrasta con las bendiciones que recibe Obededón: el Arca, expresión visible de la presencia de Dios, merece sumo respeto.

14,1-17 David en Jerusalén – Batalla contra los filisteos. David aparece como una figura muy importante frente a las otras naciones. Mientras la benevolencia de los tirios les acarrea paz y buenos negocios (1-2), la malevolencia de los filisteos les acarrea derrotas (8-17). El Cronista resalta la figura de David como la del rey obediente a Dios (10.14-16), modelo sobre el cual se juzgaran los demás reyes.

15,1–16,43 Traslado definitivo – El Arca en la tienda. A partir de los datos de 2 Sm 6,12-16 el Cronista reconstruye toda una liturgia coral, con nombres y ceremonias perfectamente organizadas. El énfasis recae en el papel de los levitas quienes son los encargados de transportar el Arca. Sobresale la importancia del canto y la música, y la atmósfera de alegría y fiesta.

El Cronista construye en 16,8-36 un salmo de alabanza que pone de relieve el papel principal de los levitas: la alabanza a Dios que casi sustituye el culto sacrificial propio de los sacerdotes. En realidad es un poema compuesto por los Sal 105,1-15 (16,8-22), Sal 96,1-13 (16,23-33) y Sal 106,1.47-48 (16,34-36), que alaba al Señor por su obra salvadora.

Después de la inauguración del culto en Jerusalén se menciona el culto en Guibeá (16,39-42) relacionándolo con la Tienda del desierto (Éx 29,38-42; Nm 28,3-8). De esta manera podrá justificarse más adelante la presencia de Salomón en este lugar (2 Cr 1,1-13). 

17,1-27 Profecía de Natán. Siguiendo a 2 Sm 7, el Cronista quiere resaltar que aunque David quiso construir un templo para el Señor, el Señor no se lo permitió por ser «hombre de guerra» (28,3) y sería su hijo Salomón, «hombre de paz» (22,9), quien lo haría. David será el autor moral del Templo: él adquiere el terreno (capítulo 21), reúne los materiales para la construcción (capítulo 22), organiza el personal (capítulos 22–26); sin embargo será Salomón quien lo construya. Por otra parte, el Cronista quiere resaltar que la construcción del Templo es iniciativa directa de Dios y no del rey (4.11.14).

La plegaria de David de 17,16-27, sirve al Cronista para expresar la humildad de David ante la majestad de Dios y su petición de que sean confirmadas las promesas divinas.

18–20 Campañas de David. Estos tres capítulos agrupan en un solo lugar todo el material relativo a las guerras de David. El Cronista resume a 2 Sm 8–21, omitiendo todo lo que pudiera dañar la imagen de un David ideal –asesinato de Amnón, revuelta de Absalón–, y conservando noticias que pudieran resaltar a David como guía militar. De esta manera se va preparando la explicación de que David no construyera el Templo (22,8; 28,3).

18,1-17 Victorias de David. Sobre filisteos (1), moabitas (2), sirios (3-8) y edomitas (12s) lo que asegura paz en las fronteras, mientras que hacia su pueblo sobresale la práctica de la justicia y el derecho.

19,1–20,3 Guerra contra los amonitas. Victorias de David contra los amonitas y los sirios. El Cronista sigue a 2 Sm 10,1-19.

20,4-8 Guerra contra los filisteos. En 20,1 comienza el capítulo diciendo «Al año siguiente». De esta manera, el autor se salta el homicidio y el adulterio de David, la denuncia de Natán, la penitencia y el castigo. En cuanto a las tres guerras filisteas el Cronista sigue a 2 Sm 21,18-22.

21–29 Construcción del Templo y organización del reino. Estos capítulos están dedicados a la organización del culto y del clero. El relato del censo depende de 2 Sm 24, mientras que los capítulos 22–29 son propios del Cronista. Se suele pensar que los capítulos 22–27 fueron incluidos posteriormente dado que cortan el ritmo de la narración en 21,30 que posteriormente se vuelve a retomar en 28,1.

21,1-30 Censo de Israel. El episodio del censo y de la peste son importantes porque justifican la compra del terreno donde se alzará el nuevo Templo (18). En los dos episodios, a través de un pecado, un castigo y una expiación, se llega a la feliz elección del lugar. Dios queda más remoto, aunque su soberanía domina todo el proceso. El lugar más próximo al hombre lo ocupan el ángel y el personaje nuevo, Satán. Son dos figuras sobrehumanas que se oponen en su actividad, no en confrontación directa sino en un proceso referido al hombre. Este Satán es el espíritu tentador que se insinúa en la mente del hombre (1 Re 22,22; Job 1,6; Zac 3,1s; Sal 36,2). De este personaje procede el mal deseo y proyecto de David, el Señor queda libre de responsabilidad. El otro personaje es un ángel exterminador, como el de Éx 13,23, solo que ejecuta la sentencia divina contra Israel. El rey no debía contar súbditos para gloriarse de su fuerza porque eso sería tentar a Dios.

22,1-19 Preparativos para la construcción del Templo. Este texto se compone de tres secciones: los preparativos de David (2-5), el testamento dirigido a salomón (6-16) y el discurso dirigido a los jefes de Israel (17-19). El tema de fondo que une las tres partes es el de la construcción del Templo, tema mencionado 10 veces de manera distinta. Por otra parte, el capítulo pretende explicar por qué David no pudo construir personalmente el Templo a pesar de la grandeza de su reino. La oposición guerra-paz, David-Salomón explican precisamente que el derramamiento de sangre incapacita para construir el Templo y que será Salomón, «hombre de paz», quien construya el Templo.

23,1-32 Organización de los levitas. El texto está compuesto en tres partes: una introducción (1-5), una genealogía de las familias levitas (6-23) y por último, las tareas de los levitas (24-32). Al distinguir con precisión la tarea de los levitas respecto a los sacerdotes, el Cronista subraya dos funciones levíticas nuevas: los porteros (28s) y los cantores (30s). El canto es de tal importancia que el versículo 5 atribuye a David incluso la construcción de instrumentos musicales. Con respecto al censo de los levitas no hay problemas, porque no procede de una tentación de Satán, sino que lo exige el servicio del Templo.

24,1-31 Organización de los sacerdotes. Los versículos 1-19 están dedicados a los sacerdotes, mientras que los versículos 20-31 constituyen una nueva lista de levitas que no concuerda con 23,6-24. La parte dedicada a los sacerdotes centra su interés en el sistema de división del clero en 24 clases, que el Cronista relaciona con David. En realidad, tal sistema surge después del exilio, con lo que el Cronista busca legitimar las distintas clases de sacerdotes –de Abiatar y el de Sadoc– por medio del recurso a David.

25,1-31 Organización de los cantores. Se repite la subdivisión en 24 clases de cantores similar a los sacerdotes. Se presenta a David como fundador del canto litúrgico (1). La actividad de los cantores es descrita como profética (1-3), lo que puede significar que el canto, comparado con la profecía, era considerado como expresión privilegiada del culto y como medio de comprender a través de él la voluntad de Dios.

26,1-19 Organización de los porteros. Ésta es la tercera lista de porteros (veáse 9,17-26 y 16,37-43). Los porteros eran los guardianes del recinto sagrado. Tenían que defender los accesos al Templo, incluso dando muerte a los intrusos. 

26,20-32 Organización de los encargados del tesoro del Templo y jueces. Se mencionan a los levitas encargados de asuntos económicos y administrativos. En cuanto a los levitas jueces se trata de asuntos que la autoridad real confía a los levitas y que caen fuera del servicio cultual. En ninguna otra parte de la Biblia se habla de los jueces como levitas; se trata seguramente de una creación del Cronista.

27,1-34 Organización militar y civil. Este capítulo se refiere a la organización militar y civil constituida por los jefes del ejército (1-15), los jefes de tribu (16-22); los administradores de los bienes del rey (25-31), y de los siete consejeros reales (32-34). Su ubicación al final de todas las listas levíticas y sacerdotales, afirma que las funciones civiles están, de algún modo, en un segundo plano a la organización religiosa. La lista de los administradores del rey nos da un buen resumen de la economía agrícola y ganadera de la época y del sistema eficaz de tributación.

28,1-21 Testamento de David. Luego de un largo paréntesis se empalma con 23,3. El discurso de David (2-10) se centra en el tema de la construcción del Templo, en función del cual Salomón es elegido por Dios como rey. El Templo es entonces la tarea primordial de Salomón. En los versículos 11-19 se hace mención de la entrega de los planos del Templo por parte de David a Salomón. Según las creencias de la época, es la divinidad misma la que entrega los planos del Templo, que ha de ser imagen del Templo celeste y que sólo Dios puede revelar (Éx 25–30; Ez 40–46); en este sentido, la estructura del Templo es una especie de revelación (12.20).

29,1-30 Ofrendas para el Templo – Oración de David – Muerte de David y reinado de Salomón. El capítulo se introduce con el ejemplo de David que promueve una colecta generosa para el Templo (1-9). A continuación, el Cronista introduce la oración de acción de gracias de David (10-20) en la que se muestra una profunda relación personal de Dios con el rey y el pueblo y además resalta que todo es de Dios y todo vuelve a Él, y que nuestro mejor don es la sinceridad (15-17). Con esta plegaria el Cronista quiere cerrar la larga narración del reinado de David, quien murió «en buena vejez, colmado de años, riquezas y gloria» (28), signos de la bendición divina.

La entronización de Salomón (21-25) es presentada como una liturgia y se basa en 1 Re 1s. Con esta entronización el Cronista articula el reinado de David con el de su hijo Salomón.